Viciano Pastor: “El constitucionalismo debería ser democrático” (1ª parte)

Especialista en cambios constitucionalistas populares, Roberto Viciano Pastor se encuentra en la Argentina para hablar de la necesidad de más procesos constituyentes. En su visita a la CTA habló de la crisis en Europa, la concepción monolítica de la derecha sobre las cartas magnas y el ejemplo de América Latina para animarse al cambio.

Especialista en cambios constitucionalistas populares, Roberto Viciano Pastor se encuentra en la Argentina para hablar de la necesidad de más procesos constituyentes. En su visita a la CTA habló de la crisis en Europa, la concepción monolítica de la derecha sobre las cartas magnas y el ejemplo de América Latina para animarse al cambio.

El constitucionalismo debería ser sinónimo de democracia, de participación ciudadana, de cambio, pero durante la práctica de los dos últimos siglos se desconfía del pueblo. Este fue uno de los conceptos, que en esta entrevista con el portal CTA-Internacionales, vertió el catedrático de Derecho Constitucional y Titular de la Cátedra Jean Monnet sobre Instituciones y Derecho de la Unión Europea en la Universitat de Valènciad, Viciano Pastor. De visita en la Argentina, invitado por el secretario de Relaciones Internacionales de la CTA, Adolfo “Fito” Aguirre, recorrió la sede nacional de la Central de Trabajadores de la Argentina, la de la Constituyente Social y, asimismo, asistirá a las universidades de La Plata y Buenos Aires para dar charlas.

Autor de más de 60 libros sobre la temática, Viciano Pastor es miembro de la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), una organización política ubicada geográficamente en España, no partidaria, que desde hace más de una década provee consultoría a fuerzas y gobiernos progresistas de la región. Además, dirigió equipos de asesoramiento conformados por profesores españoles en los procesos constituyentes de Ecuador, Venezuela y Bolivia.

Un punto de partida de la charla es la necesaria diferenciación del concepto de reforma constitucional, que es tradicional, que surge en general del poder de turno, de aquellos que nacen por la presión de pueblo, que son transformadores. “El constitucionalismo, que debería ser sinónimo de democracia, durante la práctica de los dos últimos siglos, desde las revoluciones liberales hasta aquí, tuvo una relectura autoritaria que desconfía del pueblo y ha quedado convertido en el diseño de cómo se gobierna pero no de cómo los ciudadanos limitan a quienes los gobiernan”, argumenta Viciano Pastor. “No se trata de darle una carta en blanco, sino de que estén permanentemente sometidos a control por parte de la ciudadanía, que se rompa con el constitucionalismo de descripción de cómo se toman las decisiones por uno que controle a quién toma las decisiones”.

– Es común que los sectores conservadores hablen de la Constitución como algo que no se puede tocar, por ejemplo en Honduras se justificó un golpe de Estado porque el entonces presidente Manuel Zelaya quiso modificar la Carta Magna y la derecha habló de “santidad” de los artículos pétreos, ¿cómo puede ser qué una Constitución tenga artículos pétreos?

– El constitucionalismo de inspiración más bien oligárquica o elitista lo que plantea es que determinados principios de la Constitución, que se han impuesto en épocas de predominio de la visión oligárquica, se queden congelados y que no sea posible modificarlos, es un planteamiento absurdo porque el constitucionalismo democrático es un reflejo de lo que los ciudadanos quieren a cada momento. Nunca una decisión de una generación anterior puede estar condicionando a las generaciones futuras. Las constituciones que incluyen cláusulas de intangibilidad o pétreas son un contrasentido, son reaccionarias, no puede una hegemonía social congelarse en el tiempo.

– Sin embargo, aquellos mismos que hablan cláusulas intangibles o pétreas han barrido con constituciones progresistas, como por ejemplo en Argentina la de 1949 o en Venezuela en 2002.

– Es un discurso que se pretende neutral, como si el derecho fuera un elemento aislado de la política o de la ideología, pero en realidad tiene una finalidad ideológica que es la de preservar el orden establecido. Cuando les interesa a los que son hegemónicamente dominantes en nuestras sociedades acabar con un cortocircuito histórico que sea demasiado avanzado no tienen inconveniente en abortarlo por vías nada democráticas. Son muy jurídicos para que todo se haga técnicamente según los procedimientos fijados en la misma, que no se pueda recurrir a un mecanismo de asamblea constituyente, que no se quiera avanzar en el modelo democrático. Pero cuando quieren retroceder lo que directamente hacen es anular una constitución democrática y sustituirlas con gobiernos de facto, que es lo que pasó aquí con la Constitución de 1949 y lo mismo con la derecha venezolana que dio un golpe de Estado en 2002 y con un decreto, por una autoridad que se autodenominaba a si mismo como presidente, disolvía todos los poderes constitucionales y derogaba la Constitución que había aprobado el pueblo venezolano hacía unos años y ahí estaban todos aplaudiendo los que después van repartiendo carnets de democracia. Lo mismo pasó en Honduras cuando se vio que se abría paso a una nueva correlación de fuerzas, la idea de convocar al pueblo para generar una constitución progresista, para cambiar una carta magna que es producto de un puñado de familias que siempre dominaron al país.

– Otra arista de esto es que también para los medios masivos de comunicación hay cosas que no se tocan y, además, instalan en la agenda pública que quienes consultan a sus pueblos en realidad son “populistas” o “autoritarios”.

– Los medios de comunicación transmiten verdades indiscutibles, por ejemplo, es contradictoria la imagen monolítica, de presunto autoritarismo que le otorgan al Gobierno de Venezuela cuando este elabora la nueva Constitución a través de una asamblea constituyente elegida democráticamente por los ciudadanos, con todas las garantías electorales, reconocido por Naciones Unidas, la Fundación Carter, Unión Europea y los Consejos Electorales de toda América Latina, no hay sombra duda, no hay datos de fraude. Incluso en el 2007 el bloque de gobierno plantea una reforma fuerte de más de 60 artículos de las propia constitución que ellos mismos aprobaron y la gente dijo que no y el gobierno democráticamente acepta.

– En España también hubo una reforma, pero entre gallos y medianoche.

Sí, en septiembre pasado se reformó el artículo 135 de la Constitución Nacional en una sesión que duró una hora, donde los dos partidos mayoritarios (PSOE yPP) se pusieron de acuerdo y establecieron una pequeña cuestión y es que el Estado no puede endeudarse, lo que trae consecuencias brutales para las políticas económicas y las políticas públicas porque si un gobierno no puede endeudarse por razones macroecnonómicas está perdiendo una capacidad de acción política. ¿Qué pasa si algún partido de otro signo político gane el gobierno y decida endeudarse para salir de la crisis en vez de ajustarse? Ahora no podrían hacerlo porque es inconstitucional. Y esa decisión elitista se hizo sin debate y rehuyendo a que fuera ratificado por los ciudadanos. Los medios de comunicación callaron.

– Grecia quiso hacer un referéndum para ver como salir de la crisis y el Banco Central Europeo, de boca del presidente francés Nicolás Sarkozy, se amenazó a Grecia con cortar todo flujo económico si se consultaba al pueblo y pareció todo tan natural.

– Es una demostración de que hasta hace poco vivíamos en un modelo elitista con la apariencia formal de un sistema democrático, pero en los últimos tiempos se ha producido un destape completo, no se tiene ningún reparo en salir y decir que “cómo se les ocurre a ustedes preguntar a los ciudadanos”. Se reprende públicamente a un gobernante que quiere consultar a la ciudadanía por medidas que afectan sus derechos básicos. No hay ningún reparo, los dirigentes políticos admiten que los mercados nos están diciendo qué hacer, ¿no son acaso son los ciudadanos los qué le tienen que decir a ustedes que la legitimidad del sistema es la legitimidad de la soberanía popular y no la de los mercados? Están dominados por los grupos financieros, que tienen nombre y apellido. Soberanía de los mercados, en vez de soberanía popular, se lo dice sin tapujos, en un tiempo había cierta vergüenza, pero ha sido tal el grado de hegemonía política, mediática, cultural que los grupos elitistas lo pueden decir abiertamente, con normalidad y sin que haya una excesiva resistencia, pero en el medio plazo generará situaciones de contestación social importante.

– ¿Y desde CEPS cómo se piensa en revertir esta situación?

– Hay que recuperar el estado social de derecho como primera medida. Que tiene que ir acompañada de nuevas medidas de efectividad en el control del poder porque sino será una vez más una recuperación temporal y cosmética del poder, pero en el fondo no se habrá alterado la correlación de fuerzas y volverá a producirse una nueva aparición de la concepción oligárquica del poder. Desde la Fundación pensamos que hay que aprovechar los momentos en que la gente empieza a visibilizar de manera muy clara el sistema autoritario para poder debatir qué modelo queremos. Hay que convocar a un foro para discutir los principios que rigen la constitución, una asamblea constituyente para que el pueblo defina que quiere.

– ¿Cómo analiza la iniciativa Hacia una Constituyente Social en la Argentina impulsada desde la CTA?

– Es una iniciativa muy interesante y por eso queremos sumar nuestra experiencia en los procesos constituyentes del tipo más jurídico-político en este, que es un proceso diferente porque es de movilización social previo al de una convocatoria jurídico-política de cambio de la Constitución Argentina. Tiene una originalidad que nos interesa conocer.

 

(Mariano Vázquez: 13.03.2012)

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