Iván González: «Un gran encuentro para celebrar y sentirnos parte de un proceso común de movilización y acumulación de fuerzas»

ACTA dialogó con Iván González, Coordinador político de la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA) para abordar temas de la actualidad del movimiento sindical y de los pueblos de la región y en particular del gran encuentro a celebrarse en Montevideo del 16 al 18 de noviembre próximo.

 

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Para los trabajadores de la región es una situación bien compleja ya que estamos en medio de una ofensiva conservadora completamente articulada a nivel internacional por dueños del capital. Cada país está siendo atacado de modo diferente pero con una misma esencia, es decir, es un intento de los que mandan de retomar el control del proceso social, económico y político.

-¿En qué se verifica este intento del Capital?

- En general, se verifica en la implantación de medidas de «ajuste» económico y en el intento de avanzar con medidas como la reforma laboral, la tercerización y el desconocimiento de mecanismos de negociación colectiva, y en situaciones de violencia graves como persecución de dirigentes sindicales e incluso ha habido asesinatos en algunos países. También se verifica en el desmontaje de leyes de protección social y, en aquellos países donde todavía hay sistemas de pensiones o jubilaciones por mínimas que sean están siendo desmanteladas. Esto es una tendencia en toda América Central, en los países andinos, en Colombia, en Perú y aquí en la región sur donde Brasil es un paradigma y en Argentina donde por vía indirecta recortando el acceso a miles de beneficiarios. Son recetas que ya fueron aplicadas en los ’80 pero que ahora además son acompañadas con un discurso que culpabiliza a los trabajadores y que está recomendada y supervisadas en su implementación por el FMI y el Banco Mundial.

-¿Cuál es la agenda conservadora en términos políticos?

- Depende de cada país y de la capacidad de resistencia y movilización de la sociedad, aunque tiene una mayoría de coincidencias que señalábamos antes. La arremetida va contra el estado de derecho y las garantías democráticas conseguidas con el objetivo de acotar los derechos políticos y cercenar la participación social en la toma de decisiones de las mayorías, limitar a un mínimo el derecho a la protesta con un fuerte intento de criminalizarla. Están aplicando leyes «antiterroristas» para perseguir a disconformes o esgrimen argumentos de «Seguridad Nacional» para impedir la acción de comunidades o trabajadores en áreas que el gobierno considere «estratégicas».

-¿Qué hacer frente a esto?

- Desde la CSA decimos que no podemos dejar que nos acorralen ni aceptar el discurso que nos culpabiliza. Si ellos ganan se impone la lógica de la «máxima ganancia» para el Capital, dejándonos en la peor exclusión. Creemos que nuestra estrategia no puede ser la de ceder, intentando así llegar a algún tipo de acuerdo, ya que ellos tienen la suma del control político y económico y vamos en este caso a perder. Tenemos la experiencia de sindicatos europeos que decidieron negociar y entregar algo para perder lo menos posible y les fue muy mal: todos los índices de desempleo, precarización y exclusión aumentaron. Sin meternos en profundidad, todo se agrava por las crisis migratoria y lo que se sabe de la ola fascista tras de las guerras en oriente de USA y la OTAN. Por eso, insistimos desde la CSA que nuestra agenda es de movilización y lucha ya que, contemplando las particularidades, los sindicatos tenemos mejores condiciones que cuando salimos de las dictaduras y la posterior instalación de los modelos neoliberales de los ’80.

-¿Cómo se relaciona esto con el encuentro de Montevideo en noviembre?

- Es un esfuerzo estratégico para organizar la resistencia con iniciativa y está en línea con la respuesta que tenemos que dar. Para la CSA y el movimiento sindical va a ser el momento político que nos permita hacer un balance y ya acordar acciones para el próximo año. Aspiramos a encontrarnos con otros sectores, como campesinos, estudiantes, movimiento de mujeres, organizaciones que luchan por la tierra y los bienes comunes, organizaciones sociales de manera de poder acordar sobre todo los temas que nos atraviesan en dos planos. Primero en lo que tiene que ver con defensa de derechos: la soberanía de los pueblos, la defensa de la integridad de los territorios y la autonomía de los derechos humanos. En otro plano, lo más macro como los temas vinculados a los tratados de «libre comercio», las privatizaciones que en general van a parar a las manos de los consorcios multinacionales.

¿Cómo se pueden unir estas experiencias que tienen sus lógicas particulares y escenarios tan distintos?

- Por ejemplo, fíjate que en el tema de las privatizaciones y la lucha contra las empresas transnacionales, los sindicatos tenemos mucho que aportar desde nuestra experiencia de resistencia. Creemos que la lucha va a ser realmente eficaz si se junta con la de las comunidades que resisten a los proyectos sojeros, a la megaminería y el extractivismo en general. Además, insistimos con que tenemos que integrarnos y tener una agenda común continental. No alcanza, como se vio con la experiencia de los gobiernos llamados «progresistas», con procesos aislados a nivel país.

Un balance necesario

¿Qué reflexión podes adelantar entorno a lo que llaman «la década dorada» de los gobiernos progresistas?

- Desde la Jornada Continental acordamos que nos toca hacer un balance de ese proceso político, ya en algunos países fuimos protagonistas acompañándolos o porque también en algunos casos porque los enfrentamos. Pero no podemos hacernos cargo de las cuentas pendientes de esos procesos porque justamente fuimos nosotros los que hacíamos críticas a sus limitaciones. Entre ellas, por ejemplo, sus déficits democráticos al no reconocer las agendas de los movimientos y no escuchar a actores tan importantes como los sindicatos.

-De hecho, eran tratados como enemigos en muchas oportunidades.

- Claro, por eso decimos que aunque no somos los que tenemos que rendir cuentas por esos fracasos, somos en algún sentido responsables de las limitaciones de esos procesos porque no fuimos quizás suficientemente insistentes ni capaces de movilizarnos preservando nuestra autonomía. Tal vez también porque fuimos «por lo mínimo» y no tuvimos la ambición de institucionalizar los conquistas de manera de estar mejor preparados para defenderlas cuando llegara la contraofensiva de la derecha. Curiosamente es en Venezuela, con el proceso de cambio tan atacado tanto por la izquierda como por la derecha, es donde las conquistas aún luchan por mantenerse ya que ahí sí hubo una institucionalización del proceso de cambio y vínculo con la gente.

¿Cuál sería la reflexión que hay que hacer con las fuerzas que luchan por el cambio?

- Que necesitamos ir más profundo. No podemos quedarnos en el lamento sino que tenemos que afrontar el desafío de generar un proyecto político que represente a los trabajadores y se proponga cambios estructurales. En Brasil, por ejemplo, y viendo la crisis, hay que desmontar el Estado clientelar que se aprovecha las elecciones e incluso a los partidos de izquierda, para garantizar la dominación. Sólo será posible el cambio si se atacan los intereses de las corporaciones ampliando de forma efectiva los mecanismos democráticos con inclusión de la gente como protagonistas. Y también hacer un proceso autocrítico porque creemos que la gente tiene derecho de saber por qué no fue posible avanzar.

¿Cuáles serían los acuerdos mínimos que aspiran a concretar en Montevideo?

- Primero queremos generar un gran encuentro con momentos para celebrar y reconocernos en nuestra diversidad y sentirnos parte de un proceso común de movilización y acumulación de fuerzas, recuperar confianza e incorporar nuevos actores. Luego, debatir sobre cuáles serán los asuntos que nos movilizarán desde nuestra experiencia de lucha y lo que tenemos construido, es decir, la defensa de la democracia la lucha contra las multinacionales y los TLC. Como conclusión, una agenda de movilizaciones para el próximo año, de acción social que nos permitan volver a la calle con los campesinos, estudiantes, sindicatos, luchadores del medioambiente, mujeres, pueblos originarios. Todos juntos en la calle, de manera unitaria.

* Equipo de comunicación CTA Autónoma
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